Tiempos de crisis y oportunidades para imaginar otros mundos.
Vivimos un periodo marcado por crisis ambientales cada vez más aceleradas, conflictos bélicos persistentes y tensiones económicas que profundizan desigualdades y precariedades en múltiples territorios. En estos tiempos convulsos, parece urgente volver a preguntarnos cómo queremos sostener la vida, qué formas colectivas de organización pueden abrir horizontes de esperanza y qué alternativas permiten imaginar futuros más justos y habitables.
En este escenario, la Economía Social y Solidaria (ESS) no solo dialoga con grandes problemáticas globales como el cambio climático, la desigualdad o la crisis de los cuidados, sino que también ofrece aportes concretos a diversas agendas de política pública orientadas a la sostenibilidad de la vida. Desde experiencias cooperativas, comunitarias y asociativas, la ESS ha venido incidiendo en debates y prácticas vinculadas al trabajo digno, el acceso a la vivienda y al hábitat, la producción y el consumo responsable, la transición agroecológica y energética, el turismo de base comunitaria, la inclusión social, las finanzas éticas y la economía circular, entre otros ámbitos. Estas contribuciones permiten comprender a la ESS no solo como un conjunto de iniciativas alternativas, sino como un campo estratégico de innovación social y territorial, capaz de dialogar críticamente con las políticas públicas y de proponer caminos viables hacia transiciones más justas, democráticas y sustentables.